¡Guardaespadas!
Bufó.
Acomodó las bolsas entre sus brazos de la mejor y más cómoda manera posible, pues estás casi se le escapaban de entre sus brazos en su carrera para evitar ser atrapado poco es montonal de chicas y de Shanon, quien guiaba al gremio femenino a gritos.
No le agradaba mucho la idea de ir él de compras. Aunque sabía que era uno de los acuerdos y responsabilidades que sus amigos y él mismo habían impuesto.
Se consoló con la idea de que gracias a la salida por la compra de nuevos víveres había encontrado nuevos aromatizantes y utensilios de limpieza de la más alta calidad. Se permitió sonreír ante la idea de que su querido hogar podría estar más que limpio, pulcro y ordenado con algo de trabajo duro.
Dobló la esquina, y reprimiendo un jadeo entre sus labios, vio como todas esas locas se encaminaban a pasos muy veloces hacia donde creían que él estaría. Una sonrisa triunfante se estableció en su rostro, y siguió su camino por el callejón para tomar su motocicleta y salir en dirección hacia su domicilio.
Cada que salía por las calles ser perseguido por chicas que no conocía parecía rutinario; no sabía muy bien porque ni lo quería averiguar... aunque claro, tenía sus especulaciones al respecto, pero por falta de pudor y negación a tanta impureza de su persona, se negaba ante sus cavilaciones.
Viéndolo desde otra perspectiva, sus encuentros de una sola noche eran sólo productos de su estado alcohólico.
Pero claro... no podía negar que sí se ponía ebrio era su mera culpa; sí lo hacía no era más que para pasar un rato divertido sin preocupaciones por mantener la compostura y la elegancia. Y admitía, muy a sus adentros, que enloquecerse era bastante relajante muy a su manera, podía quitarse el estrés de encima con gritos lunáticos, podía tener noches extremas injustificadas y su excusa preferida era el licor. ¿Era responsable de su parte? No, por supuesto que no lo era. ¿Le importaba? Pues... parecía muy imprudente de su parte, y más por el ser uno de los mayores, pero mientras su cordura estuviese ausente, poco y nada le interesaba su conducta ante sus amigos... claro que con la sociedad era otra cosa, jamás mostraría algo así a ajenos a su familia, su querida y extraña familia de chiflados y una pequeña loca.
Viéndolo desde otra perspectiva, sus encuentros de una sola noche eran sólo productos de su estado alcohólico.
Pero claro... no podía negar que sí se ponía ebrio era su mera culpa; sí lo hacía no era más que para pasar un rato divertido sin preocupaciones por mantener la compostura y la elegancia. Y admitía, muy a sus adentros, que enloquecerse era bastante relajante muy a su manera, podía quitarse el estrés de encima con gritos lunáticos, podía tener noches extremas injustificadas y su excusa preferida era el licor. ¿Era responsable de su parte? No, por supuesto que no lo era. ¿Le importaba? Pues... parecía muy imprudente de su parte, y más por el ser uno de los mayores, pero mientras su cordura estuviese ausente, poco y nada le interesaba su conducta ante sus amigos... claro que con la sociedad era otra cosa, jamás mostraría algo así a ajenos a su familia, su querida y extraña familia de chiflados y una pequeña loca.
Aparcó su motocicleta en el gran estacionamiento, pero ni bien volvió a la realidad y despejó sus pensamientos, la música a todo volumen resonó en sus oídos, sus ojos se agrandaron y su mandíbula se endureció... Oh, más le valía a esos... chicos tener la casa en buen estado.
Seh, no tenía de nada que preocuparse, había dejado muy claro que no quería desastre si él no estaba presente... y ebrio.
Seh, no tenía de nada que preocuparse, había dejado muy claro que no quería desastre si él no estaba presente... y ebrio.
Se posó frente a la puerta, aferró las bolsas contra su pecho al escuchar como algo era lanzado por la ventana del segundo piso y se estrellaba con el suelo. El tic en su ojos derecho se hizo presente ante eso. Tragó saliva y agarró una de las perillas fuertemente, su expresión facial bailaba entre coraje y un muy leve, casi inexistente, temor.
Lo primero que se estampó contra su rostro y su impecable camisa fue la soda y la pizza de una zorra, quien al verlo le sonrío con coquetería, a lo que el correspondió con un gruñido y una mueca de desagrado total.
Lo primero que se estampó contra su rostro y su impecable camisa fue la soda y la pizza de una zorra, quien al verlo le sonrío con coquetería, a lo que el correspondió con un gruñido y una mueca de desagrado total.
—Lárgate.—sentenció sin siquiera mirar a la chica.
La zorra se indignó de inmediato, y de un rápido movimiento vació su soda hacia la cabeza de Alex y salió corriendo lejos de la mansión al verse intimidada por la feroz mirada del erizo.
El albino sintió como aquel líquido empalagoso bajaba por su cabeza y lo terminaba empapando por completo, sintió una gran repugnancia al instante y, por consiguiente, su furia aumentó.
Entró a su hogar a pasos firmes. Miró a todo su alrededor, encontrándose con adolescentes por todos lados, goma de mascar cubriendo paredes y techo, basura por todos lados, ese desagradable olor a cigarrillos entre mezclado con orina y licores putrefactos, sumándose eso con las paredes llenas de su amado papel higiénico pegado son huevo y, al parecer, jabón. Casi se le escapaba un grito de susto ante todo ese desastre, el aire se le escapó por los labios por unos segundos. Tomó una bocanada de aire, pues la necesitaría para lo que haría a continuación.
—¡TODO AQUEL QUE NO VIVA EN ESTA MANSIÓN HÁGAME EL FAVOR DE LARGARSE DE AQUÍ ANTES DE QUE LOS SAQUE A PATADAS A TODOS! —gritó colérico, resonando su voz por toda la casa.
Nadie puso objeción ante la mirada gélida y el rostro rojizo del chico que los veía a todos y cada uno con repudió y odio inmenso.
Uno a uno fueron desalojando la mansión bajo la supervisión de Alex, que los veía con seriedad y cuidando que ninguno se llevase alguna cosa valiosa de la mansión. Frente a él pasaron una eriza anaranjada, un lobo y dos erizos castaños caminando disimuladamente.
—Ni se les ocurra... Más les vale que entren si no quieren que les ponga una vergui... ¡Entren ya, coño! —dijo con furia, señalando hacia la entrada.
Los chicos entraron con una sonrisa nerviosa y una expresión de terror mal disimulada,
recordaron con cierto pesar, por la desobediencia, las palabras que les había dicho su líder antes de emprender una rápida carrera a la tienda de música de la ciudad vecina.
~Hace unas horas atrás...~
—Bien... —tomó su guitarra y la colocó detrás de su espalda. —Quiero que escuchen atentamente so... Mark, Dian, despierten... ¡Mark, Dian! ... ¡Maldita sea! ¡DESPIERTEN! —Sonatik le quitó una de sus botas a Dark, quién estaba acostado en un sillón patas arriba, y le lanzó cerca de la pareja, que se despertó sorprendida ante el sonido del golpe.
—¿Eh? ¿Ah? —el castaño quitó sus brazos de su linda novia y se talló los ojos, incorporándose. —¿Qué ocurre...? —habló con lentitud y con un bostezo, pero después de unos segundos se apoyó mejor en el sillón y la eriza anaranjada, al verlo, casi hizo la misma acción. —¡¿Ya ha llegado mi pedido de chocolates suizos?! —preguntó emocionado, casi babeando el sofá.
—¡Duh! Claro que no... ¡Y sabes que en cuanto lleguen esos chocolates serán míos, amigo! —gritó parándose en su sofá de un salto.
Diana se hizo a un lado cuando escuchó el grito ensordecedor del lobo, pues sabía qué era lo que haría Mark ante esto y prefería mantener la distancia momentáneamente.
—¡Ni en tus mejores sueños, hermano!
El castaño se levantó casi por inercia en su propio sillón y sacó su espada que lo declaraba "Soquetero" oficial. Dark no tardó mucho en imitarle la acción.
Ambos chicos comenzaron a atacarse mutuamente y a dar volteretas por toda la instancia, gritando una que otra vez "¡SERÁ MÍO!".
—¡Ni en tus mejores sueños, hermano!
El castaño se levantó casi por inercia en su propio sillón y sacó su espada que lo declaraba "Soquetero" oficial. Dark no tardó mucho en imitarle la acción.
Ambos chicos comenzaron a atacarse mutuamente y a dar volteretas por toda la instancia, gritando una que otra vez "¡SERÁ MÍO!".
Sonatik, ya harto, tomó a ambos chicos por las orejas y les grito:—¡Ya basta!
—¡Pero él se quiere robar de MI chocolate!
—¡Él no me quiere dar lo que por derecho es suyo!
Sonatik le regresó la bota al albino en la cara, el chico cayó a uno de los sofás y, con la poco fuerza de voluntad que tenía el lobo, no pudo ni moverse de su lugar, por lo que se quedó desparramado en el suelo.
—Meh... que pereza... Mejor ya dí lo que se antojada decir, Sonn. —habló Dark con voz holgazana, sacudiendo la mano de arriba hacia abajo quitándole importancia a... prácticamente todo.
—¡Él no me quiere dar lo que por derecho es suyo!
Sonatik le regresó la bota al albino en la cara, el chico cayó a uno de los sofás y, con la poco fuerza de voluntad que tenía el lobo, no pudo ni moverse de su lugar, por lo que se quedó desparramado en el suelo.
—Meh... que pereza... Mejor ya dí lo que se antojada decir, Sonn. —habló Dark con voz holgazana, sacudiendo la mano de arriba hacia abajo quitándole importancia a... prácticamente todo.
—Oh, gracias, no sabes como estaba esperando a que me dieras permiso. —dijo sarcástico, rodando los ojos.
El lobito sonrió y le guiñó el ojo, haciendo que la impaciencia del azul aumentara considerablemente. —Cuando quieras.
—Como les iba diciendo... en mi ausencia no quiero ni una sola fiesta, ¿escucharon? y más sí... si Papá Cakes no esta de acuerdo. —vio como cuatro chicos, incluyendo incluso a Diana, se levantaron a protestar, pero se les adelantó. —Sé que hemos pasado un mes muy tranquilo, y les felicito, ya las vecinas no nos han intentado reportar con la policía ni nada; no es que no tengamos fiesta, claro que la tendremos, pero eso será cuando yo regrese, y sí no es así, cuando Alex regresé y vea si autoriza o no...
—¡Pero eso no es justo! ¿Por qué él debe autorizarlo sí tú eres el líder? —replicó Elliot ante todos, no era el único que tenía problema ante ello, y sí, respetaba mucho al erizo, pero necesitaba un descanso ya y entre más rápido era mejor. —No veo el problema.
—Como les iba diciendo... en mi ausencia no quiero ni una sola fiesta, ¿escucharon? y más sí... si Papá Cakes no esta de acuerdo. —vio como cuatro chicos, incluyendo incluso a Diana, se levantaron a protestar, pero se les adelantó. —Sé que hemos pasado un mes muy tranquilo, y les felicito, ya las vecinas no nos han intentado reportar con la policía ni nada; no es que no tengamos fiesta, claro que la tendremos, pero eso será cuando yo regrese, y sí no es así, cuando Alex regresé y vea si autoriza o no...
—¡Pero eso no es justo! ¿Por qué él debe autorizarlo sí tú eres el líder? —replicó Elliot ante todos, no era el único que tenía problema ante ello, y sí, respetaba mucho al erizo, pero necesitaba un descanso ya y entre más rápido era mejor. —No veo el problema.
—Sonatik tiene razón, chicos. —dijo tranquilamente Tsuki. —Por algo es el líder.
—Si... bueno... Shyz, te quedas a cargo. —Sonatik tomó sus cosas y caminó rápidamente hacia la salida, pero ni por eso pudo librarse del grito de sorpresa de Tsuki.
—Espera... ¡¿Qué?! ¡¿De verdad pusiste a Shyz a cargo?! ¡¿Qué diablos te sucede Sonn?! —vociferó el pistache sin poder creérselo. Y no era el único en ese estado.
Mientras tanto, el gato se hallaba haciendo un bailecito suyo, el cual consistía en colocar una mano en su nuca, mientras que con la otra apuntaba a todos lados, movía sus caderas de adelante hacia atrás y se mordía el labio inferior conteniendo una que otra carcajada de jubilo, mientras soltaba uno que otro "¡Me la pelan, putos!".
—Seh... perdí una apuesta con él. ¡Nos vemos en un día! —y con eso salió corriendo de la manera en la que él solía hacerlo siempre que podía, a la velocidad del sonido.
Y así, Tsuki se quedó en la entrada, de rodillas, estirando uno de sus brazos hacia la dirección en la que se había ido el azul y sosteniendo la parte izquierda de su pecho, donde estaba él corazón. Sólo le hacía falta decir un "¡Vuelve mi amor!".
—Si... bueno... Shyz, te quedas a cargo. —Sonatik tomó sus cosas y caminó rápidamente hacia la salida, pero ni por eso pudo librarse del grito de sorpresa de Tsuki.
—Espera... ¡¿Qué?! ¡¿De verdad pusiste a Shyz a cargo?! ¡¿Qué diablos te sucede Sonn?! —vociferó el pistache sin poder creérselo. Y no era el único en ese estado.
Mientras tanto, el gato se hallaba haciendo un bailecito suyo, el cual consistía en colocar una mano en su nuca, mientras que con la otra apuntaba a todos lados, movía sus caderas de adelante hacia atrás y se mordía el labio inferior conteniendo una que otra carcajada de jubilo, mientras soltaba uno que otro "¡Me la pelan, putos!".
—Seh... perdí una apuesta con él. ¡Nos vemos en un día! —y con eso salió corriendo de la manera en la que él solía hacerlo siempre que podía, a la velocidad del sonido.
Y así, Tsuki se quedó en la entrada, de rodillas, estirando uno de sus brazos hacia la dirección en la que se había ido el azul y sosteniendo la parte izquierda de su pecho, donde estaba él corazón. Sólo le hacía falta decir un "¡Vuelve mi amor!".
—Bien... como mi primer decreto el día de hoy... ¡Empiecen a lavar mi ropa sucia! —ordenó el felino crema, colocando su trasero en el trono del "King Troll", colocándose de forma que sus patas quedaban de un lado de los porta-vasos y su cabeza del otro lado.
Tsuki frunció el ceño y se cruzó de brazos. —Esa no es la "función" de Sonatik.
—¿Entonces cuál es? —le miró inquisitivamente.
Tsuki frunció el ceño y se cruzó de brazos. —Esa no es la "función" de Sonatik.
—¿Entonces cuál es? —le miró inquisitivamente.
—Es sólo ser el que tiene la cordura suficiente y el mandato para tomar las decisiones que más nos beneficien... osea, tú sólo concedes o no permisos. —explicó elocuentemente.
—¡Ahhh...! Ya entiendo... Bueno, mientras me den mi vodka y no hagan desvergue todo estará bien. —cerró los ojos con confianza, pero cuando escucho un par de ruidos entreabrió los ojos y frente a él había una botella entera de vodka... ¡Entera! —¿Qué diablos...?
—Escuchen bien... les damos el vodka que quieran por un mes completo si nos dejan hacer una fiesta. —dijo firmemente Diana, apoyando sus manos en su cadera. Mark, Elliot y Dark cargaban cajas lenas de la respectiva bebida.
—Ni de locos. —Tsuki se mantuvo firme y serio. —No quiero ganarme una patada en el trasero por esto.
—¡Ahhh...! Ya entiendo... Bueno, mientras me den mi vodka y no hagan desvergue todo estará bien. —cerró los ojos con confianza, pero cuando escucho un par de ruidos entreabrió los ojos y frente a él había una botella entera de vodka... ¡Entera! —¿Qué diablos...?
—Escuchen bien... les damos el vodka que quieran por un mes completo si nos dejan hacer una fiesta. —dijo firmemente Diana, apoyando sus manos en su cadera. Mark, Elliot y Dark cargaban cajas lenas de la respectiva bebida.
—Ni de locos. —Tsuki se mantuvo firme y serio. —No quiero ganarme una patada en el trasero por esto.
Los menores miraron fijamente al felino y acercaron las cajas, Shyz contuvo una maldición y cerró fuertemente los ojos.
—Lo siento, chicos, pero concuerdo con Tsuz. Sonatik nos matará si llegamos a hacer algo que no nos permitió. Además... ¡quiero ser más responsable y ustedes no me dejan! —Shyz casi chilló ante la imposibilidad de poder agarrar y besar a su hermosa y suculenta botella de vodka. —¡Mierda! De haber sabido que esto sería difícil se lo hubiese dejado a Tsuki. —dijo ya en el suelo, como muñeco de trapo todo por si ningún lado.
Diana frunció el ceño y chasqueó los dedos, acto seguido los tres chicos se llevaron las cajas, y con esto el alma de Shyz.
—Bueno... no importa, podemos esperar más. —Diana se encogió de hombros, saliendo de la habitación.
El híbrido pistache desvió la mirada, un leve rubor casi imperceptible se posó en sus mejillas. —Hace un mes que no tomo un trago... —tosió levemente ante la incomodidad, pues no sabía bien como decir que se moría por probar siquiera un trago sin verse desesperado.
El felino rubio tomó por los hombros a su amigo y abrió la botella, ofreciéndosela con toda naturalidad.
Tsuki asintió, y sin pensárselo dos veces tomó la botella y le dio un gran trago, dejándola casi hasta la mitad; Shyz se la arrebató, algo sorprendido por la acción de su amigo, que no solía atascarse de alcohol de una sola vez.
—¡¿Pero qué te pasa, viejo?! —chilló al mirar mejor el frasco con su valioso contenido.
—¡¿Pero qué te pasa, viejo?! —chilló al mirar mejor el frasco con su valioso contenido.
—¡Calla y traga! —Tsuki tomó el envase y se lo pegó a Shyz con desespero, el felino comenzó a tragar con lentitud y temor, pero poco a poco sus ansias por la bebida aumentaron y su consumo del líquido igual.
Desde afuera, los tres chicos y la chica, miraban la escena con una sonrisa maliciosa. Los chicos de la habitación comenzaron a correr el círculos de manera eufórica.
—Bueno... —la anaranjada jugó con sus dedos. —Les quite lo más que pude la propiedad que hace que quien las consuma se haga adicto, y le quité lo que pude de todo lo dañino que contienen. (-laautoranosabenadadedrogasyquésustanciastienen.-(?()
—¡Diana! —Elliot se cruzó de brazos algo molesto. —No debes hacer eso con uno de los nuestros, lo sabes muy bien.
El lobito se interpuso entre los dos. —Yo tuve la idea. —dijo con una pequeña sonrisa histérica. —Era eso o paralizarlos, y yo preferí que se nos unieran a la fiesta, se le merecen al igual que nosotros... y si nota que lo quieren de verdad. Dian sólo me hizo el favor.
Mark tomó su teléfono y deslizó el dedo por la pantalla, intentando encontrar un número en especial. —De cualquier manera, el daño hecho esta. Y, no creo que les pase nada, sólo hicieron la bebida más fuerte y adictiva, por lo tanto más efectiva para quedarse ebrio en minutos.
Elliot revolvió sus púas ligeramente. —Bien... ¿cuál era el siguiente paso?
—¿Y cómo la convencerán? Esa tipa tiene mucho dinero, y no creo que la podamos comprar de forma barata. —la chica se cruzó de brazos, no muy convencida.
Elliot le arrebató la imagen al albino. —¡¿Qué diablos?! ¡¿Cómo demonios le sacaron una foto así?! —preguntó con un leve sonroje, apartando la foto de sus ojos después de apreciarla.
—Tengo mis contactos. —sentenció con una gran sonrisa.
—No es verdad, —intervino Mark. —le pedimos a Shyz de favor que nos editara fotos de todo el grupo. Sólo tomó unas cuantas imágenes de internet que coincidieran un poco con nuestro verdadero cuerpo y les pego la cara, cambió unos cuantos aspectos para que la imagen en sí se viera totalmente realista. Shyz es el maestro en edición, imágenes y dibujos gráficos. —habló con orgullo hacia su amigo rubio.
—¿De todos? ¿Incluso de mí? —Diana arqueó una ceja, sorprendida ante tal declaración.
—¿De ti? ¡Puff! Por supuesto que no. —el castaño menor sonrió confiado, la anaranjada sólo arqueó más su ceño.
Mark abrazó por los hombros a su amigo lobo y le dio la espalda a los otros dos.
—Cuando esto termine... entras a mi habitación y sacas todas las fotos esas que encuentres, ¿de acuerdo? ... luego las quemas donde nadie te vea.—le susurró al chico, el cual asintió.
Mark abrazó por los hombros a su amigo lobo y le dio la espalda a los otros dos.
—Cuando esto termine... entras a mi habitación y sacas todas las fotos esas que encuentres, ¿de acuerdo? ... luego las quemas donde nadie te vea.—le susurró al chico, el cual asintió.
—Puedo oirte. —la chica se cruzó de brazos y frunció el ceño.
—¡Mejor sigamos con la fiesta! No nos queda mucho tiempo! —salió corriendo de ahí comenzando a hacer llamadas.
—Dame la de Mark. —ordenó al albino, extendiendo su mano sin siquiera mirarlo.
Dark asintió e hizo lo que le pidió. —Me debes dos pasteles.
—Oh, claro que te los debo.
Los tres se encaminaron para tomar sus respectivas actividades. Se iba a armar un loqueron bueno.
~Actualidad. ~
—¡Ustedes dos! ¡Bajen de ahí! —Alex tomó un florero y lo lanzó a los chicos en el cielo.
—¡ARG! ¡ME LOS VOY A MADREAR, MALDITOS BASTARDOS HIJOS DE LA GRAN...! —Papá Cakes pasó sus manos por su cinturón y formó sus grandes puños; caminó hacia ellos, pero los cuatro jóvenes se abalanzaron contra él intentando frenarlo. Los mayores solo se dispusieron a jugar en el postre como si este fuese nieve. —¡Ustedes ni se metan! —intentó quitarse de encima a los cuatro.
Alex se los quitó de encima con menos brusquedad. Les miró sorprendido y decepcionado. Los cuatro desviaron la mirada.
—Nosotros... lo sentimos. —Diana bajó la mirada, sus amigos y acompañantes en ese desastre también lo hicieron.
Alexander se cruzó de brazos y les fulminó con la mirada a ellos y a los otros más grandes, que estaban como perdidos pero cerca de ellos. —¡No puedo creer que sea el único responsable y lo suficientemente sensato en esta casa de locos! ¡¿Cómo se les ocurre destruir así nuestro hogar?! —apuntó a todo el lugar. — ¡¿Acaso les he enseñado eso?! ¡¿Por qué no son más como yo?! ¡Así aprenderían unas cuantas cosas de utilidad y dejarían de estar malgastando el tiempo! —comenzó a caminar de un lado a otro, haciendo ademanes exagerados con los brazos. —¡Es increíble que no tengan el interés por mantener siquiera la casa con orden! ¡¿Ya vieron el grafiti de allá?! ¡¿Ya lo vieron?! ¡Tendrían que haber evitado esa cosa! ¡Yo sin duda lo habría hecho!
—¡Pero papito Cakes...! —iba a rebatir el felino, entendiendo un poco más la situación y teniendo más consciencia de que iba todo eso.
—Lo sentimos mucho. —dijeron todos al unisono.
El albino se posó nuevamente frente a su pieza y continuó ahí como cinco minutos más. Sus amigos no lo soportaron, por lo que se acercaron a él sigilosamente.
Todos miraron watafiados la escena que se había presentado.
—Ah... ¿Papá Cakes...? —le llamó Diana, en un susurro, tratando de acercarse a él.
—¡No...! ¡NO! ¡Aléjense de mi! ¡Ya han tomado todo lo que amo! ¡¿Qué más quieren?! —comenzó a rodar por el suelo, abrazando sus piernas y sollozando levemente. —Este es el infierno... ¡ESTE ES EL MALDITO Y COCHINO INFIERNO!
—¡¿Qué haremos?! —Mark se tomó y jaló de las púas, desesperado.
Shyz y Elliot comenzaron a correr en círculos, Tsuki trataba de controlarse para no arrojarse por la ventana, Diana acompañó a su padre en sus llantos, Darks estaba gritando y cubriéndose las orejas tratando de encontrar una solución, ese era su método para los problemas.Todo estaba hecho un desmadre nuevamente.
El lobito se resbaló y su cabeza se estampó contra el suelo. Abrió los ojos desmesuradamente y la idea de quizás la solución vino a su mente tan rápido como el vomito por las escaleras del erizo y el gato.
—¡Rápido! ¡Hay que arreglar todo! —comandó tomando haciendo ademanes con sus manos y causando que bastante agua saliera de los baños para posteriormente deslizar sus manos por el aire con fuerza y así causar que el agua imitara el movimiento, limpiando el suelo.
El albino no se detuvo. —Yo he experimentado algo así... ¡Sé qué es lo que hago! Es... parecido a mi temor a los a-autobuses y cami...ones. —habló seguro de sí mismo. —Sólo analiza todo y verás como los cabos sueltos se atan.
Los chicos parecieron pensarlo un poco; después de unos minutos la respuesta le llegó como un porrazo a la cara en medio de una batalla en el centro comercial por las últimas botas invernales. Rápidamente todos se pusieron a limpiar el lugar.
Elliot, quien la mayoría del tiempo había tenido el brazo alzado, dejó caer su extremidad lentamente y con ello dio una silenciosa orden a la esfera donde estaba Alex hecho un ovillo; el castaño cerró su puño y la esfera reventó tal cual burbuja.
—¡NOOOO...! ¡No quiero estar aquí! ¡Vuelvanme a alejar del suelo! ¡Esta todo waquis! —gritó, con sus brazos cubriendo su cabeza y en una posición fetal.
Todos contuvieron una sonora carcajada. El hecho de ver a uno de los más serios, tranquilo y elegante de la mansión en ese estado era algo que ocurría una sola vez en la vida. Sí que se habían extrañado al principio, pero se percataron de que el albino siempre mantenía un estricto orden y limpieza en todo lo que lo rodeaba... claro, menos estando ebrio; borracho Papá Cakes era un desmadre como todos en esa casa.
El erizo se incorporó en el suelo, lentamente fue descubriendo sus zafiros cegados en algo de temor... Miró el suelo y lo primero que se encontró fue su reflejo... que no se parecía en nada a él, pues el erizo que reflejada el brillante piso era un erizo cobarde y patético, al menos a sus ojos.
—Hmph...—su postura se volvió seria de un segundo a otro, pero se deslizó en cuestión de minutos a una de total vergüenza, sus mejillas se tiñeron de un leve tono escarlata. —Am... yo...
—Tranquilo, tu secreto está guardado con nosotros. —Tsuki le guiñó un ojo. —Siempre puedes confiar en nosotros, lo sabes.
—Chicos... ¿qué fue lo que les dije...? Apuesto a que... —pero no le permitieron terminar ya que lo tomaron por un brazo, totalmente desprevenido, y lo jalaron hacia ellos, uniéndolo al abrazo efusivo.
~Unas horas después del incidente. ~
—Ajá... creo comprenderte. —miró seriamente a la ardilla, luego hizo un par de gestos con sus manos y después de esto su pequeño amigo asintió. —Hump... ya veo. Bueno, no hay otra alternativa, ¿cierto? Además... prometí ayudarles siempre que pudiera y lo haré. —se levanto del sofá con una seguridad plena, la presencia de su firmeza al hablar decía que algo serio ocurría. —Espera un poco, debo hacer unas cosas. —el pequeño mamífero asintió, posteriormente se retiró hacia la salida de la mansión.
—¿Qué ocurre? —la primera en hablar fue Diana.
El chico tomó una de las mochilas que colgaban del perchero y comenzó a llenarla con cosas como alimentos y herramientas para sobrevivir fuera de la civilización. —Tengo que ir al "Paraíso" al parecer hay serios problemas.
—¿Puedo ir contigo? —colocó una mirada suplicante, haciendo más notable el brillo de sus orbes cerúleos.
Mark le sonrió con dulzura, tomó sus mejillas con cuidado y besó su frente delicadamente. —Lo siento, cariño, no puedo llevar a desconocidos conmigo, quizás empeore la situación. Además, puede ser peligroso.
—¡Con más razón debo ir! —se cruzó de brazos e hizo un puchero, intentando convencer al castaño, esta sólo la ignoro porque sabía que si la veía no podría negarse ante ella.
—Chicos, por favor cuiden de ella en lo que no estoy, se las encargó, es mi más valioso tesoro. —todos asintieron firmemente. Él les miro feliz, avanzó hasta la salida y posó ambas manos en las
puertas, inhaló aire tratando de encontrar el valor suficiente. —¡Los quiero, cuídense! ¡Te amo mi princesa, volveré en menos de lo que te imaginas! —les sonrío una última vez.
Empujó ambas puertas de un rápido movimiento, la ardilla se posó en su hombro velozmente y así, Mark fue creando sus ya famosos caminos de energía y transportándose en ellos, haciendo que su figura se hiciera cada vez más pequeña.
Diana se sentó en uno de los sillones y se quedó mirando al vacío, los suspiros eran callados, pero no pasaban desapercibidos. Los chicos la vieron, en otra ocasión le hubiesen dejado así un rato pues seguro en minutos se le hubiese quitado, pero al notar la expresión de tristeza y su aspecto decaído, no pudieron despegar las miradas de ella, simplemente no tenían el valor para hacerlo.
Los susurros discretos comenzaron entre el grupo varonil, Diana al estar a tan sólo un metro de ellos, pudo escuchar todo atentamente y rodar los ojos con burla en el acto.
—Comprenle algo, no sé... ¿chocolate blanco, quizás? —propuso en un murmuro Sonatik, su sudor frío recorría su sien, no sabía lidiar del todo con problemas de chicas, y aunque la anaranjada eran un caso especial de chica, ni idea tenia de lo que le podría hacer feliz si la alejaban de Mark.
—¡No! ¡No! Eso le haría recordar mucho a Mark... ¿y si nos vestimos de chicas? como aquella vez que creímos que ella se estaba desviando del camino... —Elliot recordó la ocasión con una sonrisa divertida, pues definitivamente sus amigos y él se habían visto raros aquella ocasión, pero ciertamente los había acercado mejor a la pequeña Soquetera.
—¡Ni en sueños! —gritó Sonatik casi histérico. —Mejor... ¿por qué no la llevamos a comprar todo lo que quiera?
—¿Estás loco? ¡Se gastaría todo nuestro dinero! —intervino Tsuki. Todos le miraron, con expresión de cero importancia. —¿Qué? ¿Acaso saben el dolor de cabeza que da tantos números?
—Am... entonces... ve a comprar algo para hacer un postre con ella, papá Cakes, a ti te tocan las compras esta semana. —propuso Shyz, en ese momento su estomago rugió, y el de los demás también, todos menos el susodicho se giraron a verle, esperando una respuesta afirmativa.
—No. No volveré a salir de esta casa solo. ¡¿Saben el montón de chicas que vienen a mi como abejas a la miel?! No tengo idea de porqué, soy tan normal como ustedes y me pasa eso... estoy harto. —Alex se vio tranquilo a pesar de que se sentía la tensión en su voz al respecto.
Diana, por primera vez en esos minutos, se dirigió hacia el grupo y se unió a ellos, rodeando a Elliot y a Shyz con sus brazos para incorporarse. Obtuvo a todas las miradas sobre ella, miradas asombradas por los movimientos menos depresivos de la fémina.
—Las chicas te molestan, ¿ah? —miró con una sonrisa burlona al de púas azabaches, este le lanzó una mirada reprochante. —Tranquilo, tranquilo... Sé como ayudar. —sus labios se curvearon en una sonrisa misteriosa.
—¿Qué tienes en mente, Dian? —cuestionó, curioso. Los chicos se arrimaron, interesados.
La anaranjada dio cinco pisotones al suelo, y de este, justo en medio del circulo fraternal hizo acto de presencia un pedestal fino de cristal, en el se podía presenciar un teclado de, al parecer, teclas de plata pura. Una belleza artificial. Diana se acercó al objeto reluciente y tecleó lo que parecía ser un comando. El teclado se dividió en dos y de él surgió un arma. La joven tomo el objeto majestuoso entre sus manos y le apuntó a Alexander con una sonrisa maniática.
—Jovencita, aleja esa cosa de mi. —habló con severidad el chico, ella sólo recargo el arma y la sostuvo firmemente. —Hablo en serio.
—¡Oh, vamos! Solo una pequeña prueba. —bajo el arma e hizo una mueca al contemplar sus planes arruinados. —Se supone que esta belleza te quitará tu atracción, disminuirá tus feromonas. *2
Se cruzó de brazos. —Pruebala tú primero.
—¡Bahh! Verás que no sucede nada malo y que funciona a la perfección.
Diana se apuntó a ella misma, una aguja pasó por su piel y una mueca se dibujo en sus labios. Una gran humarada violeta lleno a la habitación en segundos. Después, procedió a tirar la arma al suelo, con su cuerpo tambaleante se tumbó al sofá. Los chicos fueron a auxiliarla.
—¡¿Dian?! ¡Dian! —entre Tsuki, Sonatik, Shyz y Alex la sacudieron con fuerza ante la preocupación mientras le llamaban, la chica reaccionó casi de inmediato.
—¿Ah? ¿Qué ocurrió? —tomó su cabeza entre sus manos. —¿Funcionó?
—No lo...
—¡Aléjense de ella! ¡Es nuestra! —Elliot y Darks se lanzaron contra los mayores y se colocaron alrededor de Diana, que los miró asustada y confundida.
—¿Pero qué diablos...? —Sontatik le levantó y sobó su extremidad por el área golpeada. —¡¿Qué es lo que están haciendo?!
—¡Ella es nuestra! ¡Sólo nuestra! —Elliot se aferró a la anaranjada, la cual todavía estaba en shock y no lograba articular nada.
Los jóvenes mayores vieron la situación, quedando sin habla. En un principio hubiesen creído que era una broma pesada, pero las miradas frías y las expresiones severas no daban crédito a la primera impresión. Agregando, claro, el hecho de que ambos chicos se veían celosos, incluso al grado de en ese momento utilizar sus poderes para hacerles una advertencia silenciosa.
Diana reaccionó e intentó quitárselos de encima. —¡Quítense! ¡Háganse a un lado si no quieren que los golpee!
Ambos menores se abrazaron con todo y piernas a la chica, aferrándose con fuerza a ella. —¡Ño!
—¡Ayúdenme! ¡Seguro que esa pistola funcionó mal y aumento las feromonas en vez de disminuirlas! —agitó sus brazos e intentó liberarse, le incomodaba al extremo eso y tenía pánico de lo que pudiese pasar. Sin embargo, a pesar de ser considerablemente fuerte, no creía poder librarse de ambos chicos, y tampoco de no hacerles daño; ella estaba consciente de que los dos estaban como un tipo de trance, quizás por la sustancia química esa que tenía ella.
Sonatik buscó el aparato con la mirada y le encontró a unos metros de él. Rápidamente las ideas y un pequeño plan surgió en sus cavilaciones. Tomo a sus compañeros por los hombros, los cuales aún no sabían que hacer, y los jaló hacia él, para que sólo estos pudiesen escuchar sus palabras.
—Bien... este es el plan, es fácil, sencillo y tiene que funcionar. Alex...—el albino arqueó el ceño, ellos casi nunca le llamaban por su nombre, al menos que fuese algo serio o una situación difícil. —Tú vas a tomar el arma de allá, lo colocas en modo de reversa y le disparas a esos niños. —dijo eso último con cierto cansancio, pues para él caer así, a los pies de alguien sólo porque se era más atrayente era una locura, digna de alguien como ellos, Elliot y Darks, por supuesto. —Tsuki, Shyz, toman a ese par de lunáticos, sin lastimarlos claro, y los separan de Diana, yo tomaré a mi hermanita y la pondré a salvo... —su mirar se volvió un poco sombría. —Saben que... aunque sea una tontería... esos dos son bastantes poderosos y podrían hacernos daño sin proponerlo. —los tres asintieron con firmeza.
—¡Agh! ¡Dejen de tocarme así! ¡No son ustedes! ¡Los voy a matar! ¡Ayúdenme, no se queden ahí! —el grito de Diana alertó a los cuatro, y cuando se giraron a verle, sólo se quedaron de piedra, de nuevo. El erizo castaño mimaba y besaba el rostro de la chica varias veces, sin consideración, y más allá del cariño fraternal; mientras que el lobo la aferraba a él con vigor y frotaba su mejilla contra las de la chica, las manos del albino a veces tocaban de más los costados de la anaranjada.
—¡Grr! ¡Ahora! —gritó el azul, apuntando hacia los tres.
Todo fue rápido, la música épica comenzó a sonar, literalmente, pues los vecinos a veces subían el volumen de más. Alexander corrió hasta el arma, se deslizó por el suelo y la tomó cambiando la modalidad en un instante. Shyz tomó a Elliot y Tsuki a Dark, ambos los empujaron hacia dirección opuesta en la que estaba la chica, quien al sentirse liberada dejó su postura a la defensiva. Sonatik tomó a su hermanita en brazos y tomó impulso en el sofá donde estaba, dando un gran salto y alejándose de ese desastre lo más que podía, dandole la señal al albino. Alex asintió de manera rápida, se levantó de un salto y se colocó una postura firme para apuntar bien el arma, todo iba perfecto... si no hubiese sido porque de la pistola había salido una pequeña y al música del momento se había interrumpido como disco rayado... dejando a los participantes del acto con los ojos abiertos como platos
Ambos menores se abrazaron con todo y piernas a la chica, aferrándose con fuerza a ella. —¡Ño!
—¡Ayúdenme! ¡Seguro que esa pistola funcionó mal y aumento las feromonas en vez de disminuirlas! —agitó sus brazos e intentó liberarse, le incomodaba al extremo eso y tenía pánico de lo que pudiese pasar. Sin embargo, a pesar de ser considerablemente fuerte, no creía poder librarse de ambos chicos, y tampoco de no hacerles daño; ella estaba consciente de que los dos estaban como un tipo de trance, quizás por la sustancia química esa que tenía ella.
Sonatik buscó el aparato con la mirada y le encontró a unos metros de él. Rápidamente las ideas y un pequeño plan surgió en sus cavilaciones. Tomo a sus compañeros por los hombros, los cuales aún no sabían que hacer, y los jaló hacia él, para que sólo estos pudiesen escuchar sus palabras.
—Bien... este es el plan, es fácil, sencillo y tiene que funcionar. Alex...—el albino arqueó el ceño, ellos casi nunca le llamaban por su nombre, al menos que fuese algo serio o una situación difícil. —Tú vas a tomar el arma de allá, lo colocas en modo de reversa y le disparas a esos niños. —dijo eso último con cierto cansancio, pues para él caer así, a los pies de alguien sólo porque se era más atrayente era una locura, digna de alguien como ellos, Elliot y Darks, por supuesto. —Tsuki, Shyz, toman a ese par de lunáticos, sin lastimarlos claro, y los separan de Diana, yo tomaré a mi hermanita y la pondré a salvo... —su mirar se volvió un poco sombría. —Saben que... aunque sea una tontería... esos dos son bastantes poderosos y podrían hacernos daño sin proponerlo. —los tres asintieron con firmeza.
—¡Agh! ¡Dejen de tocarme así! ¡No son ustedes! ¡Los voy a matar! ¡Ayúdenme, no se queden ahí! —el grito de Diana alertó a los cuatro, y cuando se giraron a verle, sólo se quedaron de piedra, de nuevo. El erizo castaño mimaba y besaba el rostro de la chica varias veces, sin consideración, y más allá del cariño fraternal; mientras que el lobo la aferraba a él con vigor y frotaba su mejilla contra las de la chica, las manos del albino a veces tocaban de más los costados de la anaranjada.
—¡Grr! ¡Ahora! —gritó el azul, apuntando hacia los tres.
Todo fue rápido, la música épica comenzó a sonar, literalmente, pues los vecinos a veces subían el volumen de más. Alexander corrió hasta el arma, se deslizó por el suelo y la tomó cambiando la modalidad en un instante. Shyz tomó a Elliot y Tsuki a Dark, ambos los empujaron hacia dirección opuesta en la que estaba la chica, quien al sentirse liberada dejó su postura a la defensiva. Sonatik tomó a su hermanita en brazos y tomó impulso en el sofá donde estaba, dando un gran salto y alejándose de ese desastre lo más que podía, dandole la señal al albino. Alex asintió de manera rápida, se levantó de un salto y se colocó una postura firme para apuntar bien el arma, todo iba perfecto... si no hubiese sido porque de la pistola había salido una pequeña y al música del momento se había interrumpido como disco rayado... dejando a los participantes del acto con los ojos abiertos como platos
—¡¿Qué?! ¡Funciona, porquería! —el erizo golpeó el arma, creyendo que así se repararía. —¡No me jodas!
Diana sonrío con incomodidad. —Si... este... sólo era un prototipo, no creí que funcionaría tan bien. Tengo que conseguir unas cosas para repararlo.
—¡Dejen a mi, Dian! —Elliot utilizó su telequinesis, capturando a Shyz, Tsuki y sobre todo a Sonatik, quien era el más cerca a su objetivo. Sus ojos destellaban con fulgor, no era él en sí. De un chasquido de dedos, el castaño los lanzó a todos por partes distintas de la mansión, causando que se ocasionaran leves contusiones pero que no se lograran moverse, ya que el aura resina aún les tenía sujetos.
Alex miró con furia al chico de mirada ámbar, que estaba a punto de abalanzarse contra la chica, que le veía aterrada. Se le ocurrió una idea, una terrible idea, maldijo para sus adentros, pero al oportunidad era buena, nadie los vería y podría chantajear a su pequeña amiga para que fingiera que no había visto nada. La opción perfectamente terrible.
Alex miró con furia al chico de mirada ámbar, que estaba a punto de abalanzarse contra la chica, que le veía aterrada. Se le ocurrió una idea, una terrible idea, maldijo para sus adentros, pero al oportunidad era buena, nadie los vería y podría chantajear a su pequeña amiga para que fingiera que no había visto nada. La opción perfectamente terrible.
Tomó aire y se interpuso en el camino de Elliot. Recordó lo que en varias ocasiones, de extraña manera, habían ocurrido cosas algo raras entre ellos y lo peor, para su estabilidad mental, era que no le habían desagradado para nada, incluso parecía que le gustaba de alguna tétrica manera.
—¡Quítate! —le ordenó de manera brusca. Diana se refugió más detrás de Alex, escondiéndose de él.
Un golpe resonó con fiereza en la sala, la mejilla sonrojada de Elliot y su rostro hacia un lado era la primera imagen que cualquiera de sus amigos hubiese querido borrar de su mente, más el propio que le había proporcionado esto. En ese momento al castaño se le había esfumado todo lo atontado, pero por la impresión de aquel roce su cuerpo y todo él se habían quedado inmovilizados.
—¿Qué crees que hacías...? —Alex le tomó el rostro con delicadeza, y acarició la marca que él mismo había dejado con la palma de su mano, el tacto suave y delicado, casi tanto como la mirada zafiro que recorría la zona irritada. Los dedos y los orbes del albino pasaron sutilmente por los labios del erizo, quien enrojeció con esto. Por último, los ojos cerúleos y los dorados chocaron, la mirada del mayor se mostró peculiarmente dulce. —¿Qué es lo que hacías, Elliot? —su voz trastornada en dureza paro la mirada aún con ligereza.
Elliot, recordando su error, liberó a sus amigos y se dirigió a su amiga, que los veía confundida a él y a Alex. —Lo siento mucho, Dian, no sé que me ocurrió... de verdad lamento haberte causado problemas. —se sobó el cuello y miró hacia otro lado, avergonzado.
Diana le miro con comprensión y le sonrío. —¡No te preocupes! Además... fue mi culpa, un fallo de mi parte.
—¡Dian! ¡Perdón! ¡No fue mi intención!—el lobito se le abalanzó, el golpe que había recibido por parte de Elliot había sido suficiente.
—¡Si! ¡Si! tranquilos. —los abrazó a los dos por los hombros, con una gran sonrisa, a lo que ellos correspondieron. Pero, la expresión de la anaranjada se cambió drásticamente a una furiosa y con ello pellizco a ambos chicos, que se apartaron en tanto sintieron el dolor. —¡Pero no lo vuelvan a hacer!
Todos los zoomorfos del sexo masculino se le acercaban inmediatamente, ya fuese con ramos de rosas, chocolates o palabras dulces que dedicarle a la hermosa jovencita... pero si se le llegaban a acercar lo suficiente...
Seis chicos surgían de sus espaldas, como ángeles guardianes dispuestos a defender a la chica encomendada. Sus lentes oscuros, las muecas intimidantes y las posturas firmes y altivas hacían que cualquier tipo que se les acercara saliera corriendo de ahí inmediatamente, ante los ojos inocentes de la joven.
Así habían pasado todo el trayecto de casa al almacén dónde necesitaban hacer una parada.
—Me pregunto qué estará ocurriendo para que todos me miren asustados... que extraño experimento el mío. —se dijo en un susurro a si misma la anaranjada, mientras otro ramo de flores caía ante sus pies y otro chico salía corriendo de ahí.
—Hey, nena. Tú, yo, en el cine mientras nos besamos. No sé, piénsalo. —y le entregó un boleto de una película romántica.
Diana le miró arqueando una ceja, realmente desconcertada. —¿Qué...?
—Discúlpanos un momento, pequeña.
Tsuki empujó suavemente a la chica detrás de él, los Soqueteros rodearon al leopardo y se quitaron los lentes, viéndolo con asco.
—Tienes tres segundos para salir de aquí, ¿escuchaste? —le amenazó Sonatik, Tsuki jugó con su hacha, una gran sonrisa amenazadora y espeluznante se dibujó en todo el grupo, pero ni así el desconocido pareció intimidarse.
—¿Y si no qué? —el leopardo movió su cola de una forma extraña, esto pasó desapercibido pro todos, la prioridad era exclusivamente la integración física y mental de Diana.
Cada uno activo sus poderes a su manera, y ahí fue donde el chico si dudo de lo que hacía.
—Oh, créeme, amigo... nos divertiremos mucho...
Pero, lo que nunca se imaginaron los amigos de Diana, era que un grupo integrado de puros chicos desconocidos atraídos por la preciosidad anaranjada fuesen a lanzarse contra la chica y a tomarla como prisionera ante la señal del leopardo, que al ver su plan realizado de manera casi perfecta, se deslizó de una manera tan ágil y veloz entre las piernas de los chicos para salir corriendo de ahí, uniéndose a los psicópatas que se llevaban a la pobre chica.
—¡Dian! —gritaron al unisono, comenzando la persecución por el rescate de la menor.
Era impresionante, realmente impresionante. Era una locura, pero tal parecía que todos los chicos soltero de la ciudad pretendían quedarse con la eriza anaranjada, exclusivamente con ella. Todos corrían, la jalaban y entre ellos se la intercambiaban, afortunadamente ninguno tocaba a la chica en partes indebidas ni le hacían gran coa por intentar luchar por ella, claro... nada físico, lo traumatico de la situación claramente que estaba haciendo efecto en la joven, que no dejaba de gritar y patalear para que la soltaran.
Hasta que alguien en el público, quizás un chico con más cerebro que todos, se paró en el centro y con un megáfono grito a todo pulmón lo siguiente, esas palabras que le dificultarían todo a los Soqueteros.
—¡ATRAPEN A ESOS! ¡QUIEREN QUITARNOS A NUESTRA CHICA! —los apuntó un un fierro, para posteriormente lanzarselos pero sin hacer ningún efecto.
Todo enloqueció nuevamente, las miradas se posaron en el grupo bueno, todo quedo suspendido por minutos. Una avalancha de chicos se fue contra ellos, mientras que otros seguían rebatiéndose a Diana.
El desmadre se hizo colosal, miles de zoomorfos, e incluso una que otra zoomorfa, comenzaron a romper las vitrinas de los establecimientos y todo lo que se encontraban lo arrojaban hacia los erizos, el híbrido, el lobo y el felino, quienes le esquivaban por poco.
—¡SONN! ¡Se la llevan! ¡Si seguimos así se nos perderá! —gritó el castaño al ver a duras penas la fina figura de la azafranada siendo llevada de un lado a otro hacia otro extremo de la ciudad.
—¡Bien! ¡Tsuki y yo nos iremos por el norte, directamente hacia Diana! ¡Alex, Elliot, intenten retener esto lo más que puedan, sean fuertes! ¡Shyz, Dark, ustedes interceptaran a los tipos que tengan a Diana por si yo y Tsuz no lo logramos! ¡Adelante! ¡Go, go, go! —comando como el líder que era, todos comenzaron a hacer su parte.
Sonatik salió corriendo lo más rápido que pudo, Tsuki emprendió vuelo detrás de él. Shyz activó sus botas y comenzó a saltar sobre la cabeza de toda la bola de tontos que intentaban alcanzarlo, Dark sólo se abrió pasó con grandes chorros de agua y deslizándose con rapidez sobre un camino de hielo que producía con cierta facilidad. Elliot y Alex se colocaron espalda con espalda, lanzaban golpes directos de vez en cuando; el castaño utilizaba su aura para tomar a un chico y lanzarlo contra otro montón, o simplemente los lanzaba por los aires o los ponía sobre los edificios, el número disminuía considerablemente; mientras que Alex daba patadas y puñetazos a diestra y siniestra, tomaba autos con suma simpleza y los tiraba cerca de los zoomorfos, sin intención de golpearlos de verdad.
El albino y el castaño vieron su victoria en aquella batalla, lo que nunca vieron venir fue que uno de eso tipos se subiera a un autobús y se intentaran estampar contra ellos, lo cual logró, pero como al parecer ninguno de los atacantes era tan idiota, les incrustaron una jeringa en el brazo a cada uno en un momento de despisto. Los sentidos de ambos se alteraron, pero no tuvieron ni tiempo de reaccionar cuando los tiraron a una de las tiendas casi vacías y los encerraron, tomándolos como prisioneros, aunque ninguno de los dos estaba tan consciente de eso.
El castaño se incorporó en su lugar, con un temblar ligero por la cosa esa que le habían inyectado, se sentía como eufórico pero a la vez extraño, todo se trastornaba extraño. Entonces, la vio... o al menos él lo imaginó. La eriza albina que le robaba el sueño. Esa que tan sólo en sus ilusiones hacia acto de presencia. Esa chica de la que tan sólo en sueños se había enamorado profundamente, o al menos, eso creía.
Ambos, al escuchar esos nombres, salieron de aquella alucinación. La tristeza los invadió de un sólo golpe, junto con la gran desilusión, realmente... realmente habían creído que esas chicas se habían materializado frente a ellos... claro que... era imposible, tan sólo eran simples sueños.
—¿Aunque... qué...? —lo miró a los ojos, esperando la respuesta. Esos ojos... esos ojos idénticos a los de ella.
—Aunque... —lo tomó del mentón de un rápido movimiento, atrayendolo hacia él para que pudiese apreciar mejor los orbes resinos. —No parecen tan... inexistentes. —movió su rostro hacia un lado, causando que ambos alientos se entremezclasen.
El castaño se sonrojo de sobremanera, sorprendido pero para nada incómodo por la repentina acción del erizo.
Miró sus labios, eran tan parecidos a los de ella. —Tus labios... son idénticos a los que tenía... —se acercó peligrosamente a Alex. —Me pregunto si...
El de púas azabaches también se acercó. —Yo también me pregunto si... quizás... sea como besar los de ella...
La cercanía era tanta que los cuerpos casi chocaban, las miradas chocaban y los labios por poco se unían.
El comunicador de ambos se activo, haciendo que volteasen a lados contrarios y que en el acto chocasen sus cabezas. —¡Agh! —se quejaron ambos.
El comunicador sonó una vez más, y esa vez si lograron contestar.
—¿Y si no lo hago? —lo miro fijamente, con una postura circunspecta pero una mirada llena de confusión. —Tengo mis razones para no olvidarlo.
Elliot siguió sin darle la cara. —Yo... tengo curiosidad. —dijo con simpleza. —Necesitamos pensar. Por el momento sólo estoy cansado, ha sido un día muy loco.
Alexander asintió.
Los dos caminaron hacia le horizonte, volviendo a la actitud normal y correspondiente de cada uno.
Fingirían.
Fingirían como los grandes mentirosos que podían llegar a ser.
Finalmente, alguien le acomodó el rostro, ese alguien que no esperaba, ese alguien que lamentablemente le hacia sonrojar salvajemente.
—N-Nada... —tomó la mano de su amigo y la bajó de su rostro, queriendo que nadie viese esa escena, queriendo que sólo le perteneciera a él, sólo a él. —Nada.
—Eso creí. —apartó su mano de la del castaño, un ligero sonroje se había posado en sus mejillas.
Diana le miro con comprensión y le sonrío. —¡No te preocupes! Además... fue mi culpa, un fallo de mi parte.
—¡Dian! ¡Perdón! ¡No fue mi intención!—el lobito se le abalanzó, el golpe que había recibido por parte de Elliot había sido suficiente.
—¡Si! ¡Si! tranquilos. —los abrazó a los dos por los hombros, con una gran sonrisa, a lo que ellos correspondieron. Pero, la expresión de la anaranjada se cambió drásticamente a una furiosa y con ello pellizco a ambos chicos, que se apartaron en tanto sintieron el dolor. —¡Pero no lo vuelvan a hacer!
—¡Auch! —se quejaron al unisono.
—Ahora vamos por lo que necesitas antes de que haya otro problema. —el cerúleo, el pistache y el rubio se acercaron a ellos, sobándose algunas partes del cuerpo adoloridas por el golpe.
Todos asintieron y se alistaron para salir a la calle. Y el día aún no terminaba.
~Después de unos minutos. ~
Caminaba por el pavimento de forma segura. Acomodaba sus púas de tal manera que quedaran en perfecta simetría. Su esbelta figura relucía en su andar, su aroma exquisito impregnaba las narices de todos los chicos y les obligaban a voltear a verla. Sus ojos zafiros destellaban dulzura, sus labios se curveaban en una suave y su sonrisa llena de añoranza. Así se veía siempre, siempre relucía así, sólo que estaba vez llamaba la atención mucho más, pero mucho más.
Seis chicos surgían de sus espaldas, como ángeles guardianes dispuestos a defender a la chica encomendada. Sus lentes oscuros, las muecas intimidantes y las posturas firmes y altivas hacían que cualquier tipo que se les acercara saliera corriendo de ahí inmediatamente, ante los ojos inocentes de la joven.
Así habían pasado todo el trayecto de casa al almacén dónde necesitaban hacer una parada.
—Me pregunto qué estará ocurriendo para que todos me miren asustados... que extraño experimento el mío. —se dijo en un susurro a si misma la anaranjada, mientras otro ramo de flores caía ante sus pies y otro chico salía corriendo de ahí.
—Seh... es extraño... —Shyz le dio un puñetazo a un chico que se quería pasar de listo y llevarse a la chica con él de un jalón. —Muy, muy extraño.
En eso, un leopardo se acercó a ellos muy seguro de sí mismo.
Diana le miró arqueando una ceja, realmente desconcertada. —¿Qué...?
—Discúlpanos un momento, pequeña.
Tsuki empujó suavemente a la chica detrás de él, los Soqueteros rodearon al leopardo y se quitaron los lentes, viéndolo con asco.
—Tienes tres segundos para salir de aquí, ¿escuchaste? —le amenazó Sonatik, Tsuki jugó con su hacha, una gran sonrisa amenazadora y espeluznante se dibujó en todo el grupo, pero ni así el desconocido pareció intimidarse.
—¿Y si no qué? —el leopardo movió su cola de una forma extraña, esto pasó desapercibido pro todos, la prioridad era exclusivamente la integración física y mental de Diana.
Cada uno activo sus poderes a su manera, y ahí fue donde el chico si dudo de lo que hacía.
—Oh, créeme, amigo... nos divertiremos mucho...
Pero, lo que nunca se imaginaron los amigos de Diana, era que un grupo integrado de puros chicos desconocidos atraídos por la preciosidad anaranjada fuesen a lanzarse contra la chica y a tomarla como prisionera ante la señal del leopardo, que al ver su plan realizado de manera casi perfecta, se deslizó de una manera tan ágil y veloz entre las piernas de los chicos para salir corriendo de ahí, uniéndose a los psicópatas que se llevaban a la pobre chica.
—¡Chicos! —Diana intentó liberarse del agarre de esos tipos, pero eran tanto que no logro más que estirar los brazos.
El desmadre se hizo colosal, miles de zoomorfos, e incluso una que otra zoomorfa, comenzaron a romper las vitrinas de los establecimientos y todo lo que se encontraban lo arrojaban hacia los erizos, el híbrido, el lobo y el felino, quienes le esquivaban por poco.
—¡SONN! ¡Se la llevan! ¡Si seguimos así se nos perderá! —gritó el castaño al ver a duras penas la fina figura de la azafranada siendo llevada de un lado a otro hacia otro extremo de la ciudad.
—¡Bien! ¡Tsuki y yo nos iremos por el norte, directamente hacia Diana! ¡Alex, Elliot, intenten retener esto lo más que puedan, sean fuertes! ¡Shyz, Dark, ustedes interceptaran a los tipos que tengan a Diana por si yo y Tsuz no lo logramos! ¡Adelante! ¡Go, go, go! —comando como el líder que era, todos comenzaron a hacer su parte.
Sonatik salió corriendo lo más rápido que pudo, Tsuki emprendió vuelo detrás de él. Shyz activó sus botas y comenzó a saltar sobre la cabeza de toda la bola de tontos que intentaban alcanzarlo, Dark sólo se abrió pasó con grandes chorros de agua y deslizándose con rapidez sobre un camino de hielo que producía con cierta facilidad. Elliot y Alex se colocaron espalda con espalda, lanzaban golpes directos de vez en cuando; el castaño utilizaba su aura para tomar a un chico y lanzarlo contra otro montón, o simplemente los lanzaba por los aires o los ponía sobre los edificios, el número disminuía considerablemente; mientras que Alex daba patadas y puñetazos a diestra y siniestra, tomaba autos con suma simpleza y los tiraba cerca de los zoomorfos, sin intención de golpearlos de verdad.
El albino y el castaño vieron su victoria en aquella batalla, lo que nunca vieron venir fue que uno de eso tipos se subiera a un autobús y se intentaran estampar contra ellos, lo cual logró, pero como al parecer ninguno de los atacantes era tan idiota, les incrustaron una jeringa en el brazo a cada uno en un momento de despisto. Los sentidos de ambos se alteraron, pero no tuvieron ni tiempo de reaccionar cuando los tiraron a una de las tiendas casi vacías y los encerraron, tomándolos como prisioneros, aunque ninguno de los dos estaba tan consciente de eso.
—E-Elliot... ¿estás bien...? —preguntó el albino, tratando de encontrarlo con la mirada, no estaba del todo en sus sentidos. —Tenemos que... tenemos que salir de aquí...
—¿Katherine? —se acercó al erizo con cuidado.
Alex abrió los ojos de sobre manera, no creyendo lo que estaba frente a él, en esos momentos. Supuso que era algo de su imaginación, un simple sueño. —Elizabeth...
—Ella... tenía... unos hermosos zafiros, en los que te podías quedar perdido por horas y horas... —se dejó caer en el suelo, muy cerca de su amigo, sentía la adrenalina correr por sus venas, sentía la depresión al recordar algo hermoso e imposible.
Alex le miró de reojo. —Ella... tenía unos hermosos ojos dorados, hipnotizantes, cálidos, perfectos, los amo... aunque...
—Aunque... —lo tomó del mentón de un rápido movimiento, atrayendolo hacia él para que pudiese apreciar mejor los orbes resinos. —No parecen tan... inexistentes. —movió su rostro hacia un lado, causando que ambos alientos se entremezclasen.
El castaño se sonrojo de sobremanera, sorprendido pero para nada incómodo por la repentina acción del erizo.
Miró sus labios, eran tan parecidos a los de ella. —Tus labios... son idénticos a los que tenía... —se acercó peligrosamente a Alex. —Me pregunto si...
El de púas azabaches también se acercó. —Yo también me pregunto si... quizás... sea como besar los de ella...
La cercanía era tanta que los cuerpos casi chocaban, las miradas chocaban y los labios por poco se unían.
El comunicador de ambos se activo, haciendo que volteasen a lados contrarios y que en el acto chocasen sus cabezas. —¡Agh! —se quejaron ambos.
El comunicador sonó una vez más, y esa vez si lograron contestar.
—¡Chicos! ¡¿En dónde están!? —la primera en aparecer había sigo Diana, con una gran sonrisa. —Y... ¿por qué están sonrojados?
—¡¿Ah?! ¡N-No! ¡P-Por nada! —Elliot le dio la espalda al erizo mayor, y este hizo lo mismo, ambos estaban avergonzados de casi pasar los límites.
—Bien... —la mirada de Diana seguía fija, pero pareció que su mirada había captado otra cosa, ya que una sonrisa de felicidad se posó en sus labios. —¡Oh, miren! Ahí esta la pieza que necesito.
Alexander tomó una pequeña caja de cartón y la mostró a la pantalla de su comunicador. —¿Está?
—¡Si! ¡Esa! —el agradecimiento era notable en su hablar. —Gracias, chicos, los esperamos en la mansión. —y la comunicación se cortó.
Ambos erizos se miraron, Elliot se alborotó un poco sus púas y procedió a utilizar su telequinesis para reventar el candado que había en la puerta, lo cual no duró ni un minuto.
—Bien... creo que es hora de irnos. —se dispuso a salir, pero no sin antes decir unas últimas palabras. —No sé qué fue lo que nos ha sucedido... supongo que fue la pequeña porción de droga que nos proporcionaron. Sin embargo, olvida todo lo que dije.
Elliot siguió sin darle la cara. —Yo... tengo curiosidad. —dijo con simpleza. —Necesitamos pensar. Por el momento sólo estoy cansado, ha sido un día muy loco.
Alexander asintió.
Los dos caminaron hacia le horizonte, volviendo a la actitud normal y correspondiente de cada uno.
Fingirían.
Fingirían como los grandes mentirosos que podían llegar a ser.
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*1 Batman no es de me propiedad.
*2 Seeh, sé que hice que todo se exagerará con lo de las feromonas, fue lo mejor que se me ocurrió ;'vvv
Bueno, otro capi, muchas sonrisas que espero sacarles y un final como los que acostumbro. Nada fuera de lo común UwUr
*1 Batman no es de me propiedad.
*2 Seeh, sé que hice que todo se exagerará con lo de las feromonas, fue lo mejor que se me ocurrió ;'vvv
Bueno, otro capi, muchas sonrisas que espero sacarles y un final como los que acostumbro. Nada fuera de lo común UwUr
¡Terminé hoy! ¡Oh si! >:'v/
DRM *-*/ Darky
XDDDDD
ResponderEliminarEs en serio Sonn, pusisteis al irresponsable de Shyz a cargo?!
Y lo de batman... eso me remato de la risa linda XD!
Bye~
No sé porque no he leido esto T-T
ResponderEliminarPero, Como Sonn dejó a cargo a Shyz ¡A Shyz!
El desmadre que armaron en la mansión XDDD!
Pero, detecto cierto fanservice yaoistico (?
Nah, fue divertido me morí de la risa Jjajajajaajaj.
La amo Darky *-*